De huidas y estrellas fugaces
- Andrea Román

- 13 abr
- 3 min de lectura
¿Qué hace diferente una despedida de una huida?
Llevo un mes y una semana desde que decidí dejar de escapar (o viajar, como luego le llamo) al menos por un par de meses para establecer una rutina. Hace unos días casi cedo ante el impulso: una mala tarde que resulta en unas ganas irracionales de irme de donde estoy, de pensarme en otro sitio, de alejarme del daño como si esto fuera un lugar físico y no un lugar mental.
Pienso que de no vivir en la ciudad, en La Ciudad de México, con sus respectivas letras mayúsculas, mis deseos de irme serían más frecuentes. Aquí, en esta ciudad infinita, no temo a un encuentro con fantasmas. La ciudad es tan inmensa que estando incluso a unos pasos de distancia, difícilmente coincidiría con alguien.
Pienso que cada vez que voy a mi otra ciudad, Puebla, la siento cada vez más pequeña. Siento que los lugares que solía habitar ya no son míos y le pertenecen a alguien más; alguien que seguro conquistará la ciudad entera y el mundo algún día.
Dicen que el mundo, de por sí, es pequeño. Pienso en todas las cosas que deben suceder para coincidir con alguien. En realidad, las probabilidades de coincidir, mirándolo bien, son casi nulas. Coincidir es consecuencia de una serie infinita de decisiones que nos trajeron hasta aquí.

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Por la mañana pensaba en lo trágico que es aceptar algo porque pensamos que es lo que toca, que es lo mejor que se puede, incluso si no es lo que queremos en realidad. Aceptar algo porque peor es nada. Entiéndase con trabajos, relaciones, amistades, cualquier tipo de cosa… Aceptar algo porque se puso enfrente y no tienes más remedio que tomarlo.
En lugar de pensar ¿me elegirán para esto? pienso si yo elegiría ese proyecto, ese trabajo, ese plan, esa persona, esa compañía… Muchas veces anteponemos nuestra necesidad de ser elegidos a lo que realmente queremos.
De tragedias, pensar desde el lugar equivocado.
Pensar desde el lugar equivocado también puede mirarse desde el trabajo. Me caché pensando ¿cómo hacer para gastar menos? en lugar de pensar ¿cómo hacer para generar más?. Sí, esto debería ser de fotografía o de viajes, pero en realidad todo es todo, todo es arte, todo es la vida, la vida es negocio, negocio es trabajar, trabajar es arte, arte es mi vida, mi vida soy yo.

En los últimos días he tenido que recordarme, constantemente y sin descanso, que todo tiene un sentido, que los problemas más grandes se pueden resolver en pedacitos y que incluso la tarea más compleja inicia con algo tan sencillo como levantarse por la mañana a la hora correcta.
Hace un mes conocí a una persona que me contaba que le gusta ganarle al sol al despertar. A los pocos días y no por gusto, tuve que seguir sus pasos y ganarle al sol para llegar a mi clase: me recibieron las aves con un concierto que gocé desde primera fila con un café en mano mientras miraba el amanecer desde el balcón de la casa.
Aquello que tuve que hacer sin gusto, resultó convertirse en mi nueva rutina favorita.
Así, creo, pasa muchas veces en la vida: es lo que nos incomoda o nos saca de nuestra zona de confort que nos da las mayores recompensas.
Este mismo personaje, en uno de mis intentos de huida de mis propios pensamientos, me dijo muy seriamente: ¿y la de respirar no te la sabes? ¿en vez de tener que irte a otro lugar?. Me pareció una burla, una broma. No sabía si lo decía en serio, pero de nuevo, le hice caso y lo intenté.
Los días siguientes no hizo más falta la huida: bastó con recordar sus palabras para hacer algo tan sencillo como poderoso y respirar. A veces me pregunto qué será de ese personaje que ya no está en mi vida pero sí en mis rutinas.
La fugacidad de las cosas es increíble y si me pongo a recordar la primera vez que vi una estrella fugaz pasar por mi vida, mi forma de pensarlas ha cambiado radicalmente desde entonces. Hace un tiempo lo fugaz me parecía triste: me aferraba a la eterna duración de las cosas.

Eventualmente, estrella tras estrella, te acostumbras a ver los rastros y dejas de buscar pedirles que se queden porque entiendes que es parte de la misma complejidad de su naturaleza: ser fugaces.
Entonces, así pues, hablando de las estrellas fugaces de la vida, sentémonos en algún desierto y veamos la lluvia de estrellas fugaces juntos. Quizá a través de una fotografía logremos conseguir que incluso lo fugaz sea para siempre.


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